Umbral-es

El momento en el que cruzamos el umbral de una puerta

Cuando cruzamos un umbral se da un momento de micro-meditación, de microreflexión, de quién consideramos que somos y qué vamos a mostrar a quienes nos reciban. 

Es un momento performático, conectado con valores éticos y estéticos, y a veces, con requerimientos formales impuestos culturalmente (antes, los hombres debían quitarse los sombreros al entrar a un lugar, o si se llega a una casa, la “obligación” de saludar a los presentes), y que de paso, genera derechos y deberes de alguna manera.

Cualquiera sea la puerta, la abertura, el marco, se da este proceso, pero hay puertas solemnes en que esto puede ser notado con mayor intensidad; por ejemplo, a la entrada de algún templo de cualquier confesión, de un cementerio, la habitación de alguna persona de autoridad o el espacio que habita una persona enferma.

Un enfoque coreográfico

De la misma manera, hay una reacción intuitiva, que tiene que ver con lo cognitivo y también con lo sensorial; según diversos individuos hay posturas corporales diversas, enfoques coreográficos para esta transición: cómo se posiciona el cuello, la cabeza, la mirada, las manos, y con ello, los sentidos: cómo desplegamos la mirada al entrar, si abrimos los sentidos o los cerramos, qué escuchamos, que oímos, qué decidimos tocar y por qué, qué decidimos decir o no decir, hacer sonar o no sonar (muchas veces, las personas suspiran al entrar a un lugar, por ejemplo).

De esta manera, el umbral es una microliminalidad y una microritualidad que nos abre a la integración a un espacio, nos posiciona y configura nuestro horizonte de posibilidades, de percepciones y de acciones.

 

El umbral es donde se hace la sombra

Es la presencia y es la ausencia

Es la abertura de un muro

Es la rotura de un bloqueo

Es una transformación

Una tele transportación

Es el marco

De una trans

mutación.

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